martes, 7 de agosto de 2018

CIBERBULLYING

Es un fenómeno de gran actualidad. Las noticias al respecto
de situaciones relacionadas con esta forma de agresión a las personas son cada vez más frecuentes en los medios de comunicación. Sin perjuicio de las acciones ejecutadas por algunos adultos (a las que no vamos a referirnos), cuando hablamos de menores de edad, se trata de hechos que suelen desarrollarse en los espacios de privacidad que suponen las habitaciones (que no simplemente dormitorios) de niños y adolescentes (más de estos segundos que de los primeros). Éstos, los adolescentes, están creciendo, madurando. Capturan la realidad que se configura ante sus ojos y la adaptan a sus necesidades, inquietudes e intereses. Y no siempre existe la posibilidad, por parte de los adultos, de gestionar adecuadamente la supervisión de este proceso de inmersión en la realidad y en la vida. Los adolescentes suelen ser obstinados e insistentes. En los espacios desplegados en torno a las nuevas tecnologías han entrado como saben y pueden. Como les dicta normalmente su reloj interior. A veces como elefante en cacharrería. El ciberacoso supone acosar en el contexto digital. O aprovecharse de él para hacerlo diferente, expansivo y, muy frecuentemente, más virulento incluso. Pero no todo comportamiento irregular y poco deseable (usando TIC) que tenga que ver con las complejas relaciones entre iguales debe ser considerado como ciberacoso sin más. Algunas de las características expresadas a continuación pretenden aportar luz a este difícil proceso de categorización. 
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PORCENTAJES DE CIBERBULLYING

conforme a los datos disponibles más recientes The-SIU señaló que así como crece la adopción del uso de tecnologías de a información entre la población, aumentan los beneficios pero también factores negativos como los abusos.

Señaló que de acuerdo con el Módulo de Ciberacoso del INEGI (MOCIBA) de 2015, 24.5 por ciento de los usuarios de Internet de 12 años o más tuvieron alguna experiencia de ciberacoso; de ellos 52.1 por ciento son hombres y 47.9 por ciento mujeres.

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CASOS DE CIBERBULLYING


CASO #1

Alyssa Funke, una joven de 19 años que debutó en el mundo de la pornografía a principios de 2014, se suicidó por el “bullying” al que la sometían sus ex compañeros de escuela.

En marzo, un famoso sitio pornográfico publicó un video que mostraba a Funke en escenas sexuales. Poco tiempo después, la joven comenzó a recibir mensajes amenazadores en sus cuentas de redes sociales. Las publicaciones eran escritas por los alumnos de la Preparatoria Stillwater, de Minnesota, donde Funke estudió.

Al principio, la adolescente respondió con mensajes desafiantes:

“Las personas que más me envidian y me odian son quienes más me acechan en redes sociales así que hola, cómo están, esto es para ustedes”.

Pero su familia asegura que Alyssa sufría depresión. El 16 de abril, la joven compró un arma de fuego y se suicidó en el barco de su familia.

Actualmente, los detectives que están investigando la muerte no creen que el “bullying” haya sido un factor importante en el suicidio, a pesar de las insistencias de la familia de la joven.

Para evitar que otras adolescentes corran con la misma suerte que Alyssa, la familia Funke ha comenzado una campaña para detener el “cyber-bullying”. Desafortunadamente, hasta ahora, sólo han juntado 165 dólares. 


CASO #2


“Querida Jennifer, te voy a matar”



Una madre nos envió frenética un e-mail. La estaban acechando en la Red. El acosador amenazaba con matarla a ella y a su hija. Conocía algunos detalles personales sobre ella de fuera de la Red, como su dirección y nombre completo real. También sabía su número de teléfono. Ella ya había ido a la policía, pero no parecían tomarse sus temores en serio. Temía por su seguridad y la de su hija adolescente. Faltó varios días al trabajo y estuvo en tratamiento médico a causa del estrés.



(…) Por suerte, el acosador también había dejado un rastro de información personal. Esto nos permitió identificarle con facilidad. Kelley contactó con él y le hizo ver que WiredSafety sabía quién era, y que lo que había hecho era un delito. Él vivía en Canadá y la víctima en los Estados Unidos. Pero va contra la ley en ambos países. (…)

Él se arrepintió inmediatamente. Admitió que era un adolescente y que sólo estaba haciendo el tonto. Pensaba que era divertido tratar de asustar a la gente, y no lo consideraba un problema grave dado que él no tenía intención de poner en práctica sus amenazas. Prometió no volver a hacerlo. (…)

CASO #3


El empollón asesino



Pero la historia que de verdad siempre recordaré fue la de un chico de suave hablar, tímido e inteligente, y pelo rojizo. Era uno de los primeros de su clase, el tipo de chico que sabes que nunca se va a meter en líos. Levantó la mano y confesó haber enviado amenazas de muerte por e-mail. Eso llamó mi atención al momento.



Habló un poco sobre su vida. Dijo que no se mete en líos en la vida real. Entrega los deberes a tiempo, se va derecho a casa después del colegio, escucha a sus padres… Pero envía amenazas de muerte por Internet. Cuando indagué más, dijo que nunca haría nada malo, porque tiene miedo de que le descubran y de meterse en líos. También dice que le gusta ser un chico bueno.

Pensó que sería divertido representar sus fantasías en Internet. Cuando le pregunté por qué lo hizo, dijo sencillamente: “Porque puedo”. Es un buen chico. Es el tipo de chico que te gustaría que fuese amigo de tus hijos, ese al que siempre nos referimos cuando decimos “¿Por qué no serás como Fulanito?”. Nunca se le ocurriría ni soñar con amenazar a alguien fuera de la Red. Pero en Internet ya no es un estudiante aplicado y de buenos modales. Online él es el chico duro y violento que siempre ha fantaseado ser. Juega a ser otra persona. Es la versión ciberespacial del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Y lo hace desde la seguridad de su dormitorio, cuando acaba los deberes.

El problema es que cuando llega una amenaza de muerte por medio del correo electrónico, el destinatario no sabe que ha sido este inofensivo empollón el que lo ha enviado, y piensa que es una seria amenaza. También es una amenaza seria cuando la policía le sigue el rastro hasta su casa y llama a su puerta.

CASO #4





Consecuencias del ciberbullying


  • La víctima siente una sensación de amenaza constante de la que no puede liberarse. Y esto le genera ansiedad.
  • La víctima siente desesperación, e impotencia, no hay nada que pueda hacer para liberarse del acoso, ni siquiera en su casa. Ya no se siente segura en ningún sitio, se mantiene alerta.
  • La víctima desarrolla un mecanismo de indefensión aprendida, no hay nada que pueda hacer y no busca soluciones. Es lógico que se deprima, e incluso que busque quitarse la vida como única vía de escape.

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